
" La muerte de un hombre en una situación crítica, su hastío, su retirada o su desgracia han ocasionado innumerables calamidades a toda una nación. Un simple soldado, un niño, una muchacha a la puerta de su choza han cambiado el rostro de la fortuna, y hasta el de la Naturaleza." (1)
(1) El "soldado corriente" de Burke es Arnold de Winkelried, el suizo que se abrió paso con una lanza en la batalla de Sempach; el niño es Aníbal, que a los doce años juró odio eterno a Roma; la muchacha a la puerta de su choza es Juana de Arco.
IV Carta a la paz regicida, Edmund Burke. Del libro "Edmund Burke: redescubriendo a un genio" de Rusell Kirk, pag221.
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